Ahora que no
está más la garantía de Dios hay una garantía en el cuerpo. Este es,
supuestamente, el fundamento de una ciencia de la felicidad.
Eric
Laurent en
Cultura
Diario La Nación
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DE CULTURA › Miércoles
8 de julio de 2008
Los intelectuales
del mundo y LA
NACION
“Hemos
transformado el cuerpo humano en un nuevo dios”
Lo afirma el
psicoanalista Eric Laurent.
"Hoy
lo que tenemos en común no es el lazo social ni el lazo político ni el
religioso, sino nuestro cuerpo, nuestra biología. Hemos transformado el cuerpo
humano en un nuevo dios: el cuerpo como última esperanza de definir el bien
común. A mí me parece que esto es el prototipo de las falsas creencias", afirma
el reconocido psicoanalista francés Eric Laurent.
Por
Virginia Arce
Para LA
NACION. Con la colaboración de Cecilia Diwan
Laurent,
nacido en París en 1945 y uno de los más destacados discípulos de Jacques Lacan,
critica el espíritu cientificista y mecanicista de esta época. "Ahora que no
está más la garantía de Dios hay una garantía en el cuerpo. Este es,
supuestamente, el fundamento de una ciencia de la felicidad. Gracias a las
nuevas tecnologías, los neurólogos nos ofrecen imágenes en las que podemos ver
el centro de la felicidad. Eso es muy fascinante. Sin embargo, las respuestas
rápidas que ofrecen las neurociencias a los conflictos psíquicos son falsas",
dijo Laurent, máximo responsable de la Asociación Mundial de
Psicoanálisis, durante una entrevista con LA NACION en su última visita a Buenos
Aires.
"En
nuestra sociedad existe la idea de que todo puede ser reducido al mundo técnico.
Es un protocolo maquinista", sostuvo. Autor de numerosos libros (12 de los
cuales han sido publicados en español), Laurent es profesor de posgrado en el
Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII,
prestigiosa institución donde dictaron clases intelectuales como Michel
Foucault, Gilles Deleuze, Alain Badiou y Lacan.
Amable
y efusivo, Laurent opina que un ejemplo del espíritu mecanicista de la época se
puede ver en la actuación de Estados Unidos en Irak: "Intentó constituir un
Estado democrático, en un laboratorio. Pasó del modelo de laboratorio al país
sin pensar en la gente. Esta concepción técnica del mundo no deja de producir
catástrofes".
Usted
describe la civilización actual como individualismo de masa. Esta sociedad
genera, según sus dichos, excesos y exclusión. ¿Qué respuestas tiene el
psicoanálisis para los marginados del sistema?
Los
marginados son sujetos que están excluidos de la relación económica. Los
cartoneros, por ejemplo, tratan con los restos que quedan del consumo: ellos
mismos se encuentran reducidos a eso. Tratan con lo excluido y son excluidos. El
objeto fundamental producido por nuestra civilización es la basura. Y estas
personas son, de la misma manera, usadas y rechazadas. Lo que decimos frente a
estos modos de expulsión es que los excluidos no lo están en el plano de la
lengua. Hablan, son seres humanos, son seres parlantes.
¿Cómo
se los puede recuperar?
Dándoles
la palabra. A pesar de que no tienen poder adquisitivo, tienen el poder de
encontrar una solución.
Esta
imposibilidad de acceder al consumo genera violencia. ¿Cree que esta sociedad es
más violenta que las anteriores?
No
es que haya más violencia, sino más tecnología de la violencia. Se ha construido
una sociedad de vigilancia generalizada; entonces, se genera más violencia, para
superar esas defensas. Es una cuestión de tecnología. Nos rodea un mundo
tecnológico donde la violencia se vuelve más eficaz en su carácter destructivo.
Es una eficacia negativa, es pulsión de muerte, la parte maldita...
Entre
las víctimas de esta violencia, los más débiles son los niños. ¿Dónde quedan
ubicados en este escenario?
Los
chicos pueden sentirse abandonados a sí mismos y a su propia violencia. Hay algo
vinculado a la condición humana en esta violencia. El hombre es un animal
violento. Los niños se sienten abandonados a la violencia que tienen en ellos.
Antes se los mandaba a la guerra; ahora se los manda a las escuelas, pero esas
escuelas tienen problemas de autoridad. Hay que encontrar nuevos modelos que
ayuden a la juventud a atravesar la adolescencia. La culpa es nuestra, no de los
niños. No hemos sabido inventar los rituales apropiados que puedan ayudar a un
joven violento a encontrar salidas que no sean autodestructivas o destructivas
para los demás.
Por
ejemplo.
En
el siglo XIX, los ingleses, cuando tuvieron que pasar a la educación de masas,
inventaron el deporte de masas, el fútbol. En ese sentido, deberíamos inventar
el nuevo deporte del siglo XXI, un nuevo ritual que al mismo tiempo fuera una
práctica del cuerpo y que permitiera la socialización.
Uno
de los refugios que parecían irreductibles eran las familias. ¿No lo son ya?
Hoy
tenemos familias recompuestas, monoparentales y de personas sueltas. Tenemos
también las familias compuestas por parejas del mismo sexo. Son modos de
mantener un deseo de familia. No se puede decir que la familia no es más un
objeto de deseo: más bien es un objeto de deseo sobre formas múltiples, que no
está regulado por la tradición.
Y
en esas familias, ¿qué lugar ocupa esta figura que siempre fue central para el
psicoanálisis, el padre?
Un
cambio de esta época es la desautorización de las prohibiciones. Recuerdo el
famoso eslogan de fines de los años 60: "prohibido prohibir". Hoy hay una
desautorización de la autoridad, del modelo tradicional de la autoridad. La
figura del padre fue trastrocada: hoy su función es cargarse de la culpa de
prohibir. Esto lo vemos en la extensión de los trastornos de atención, en las
adicciones. Lo que parece estar extendiéndose son las patologías de acciones, no
las patologías derivadas de la prohibición.
¿Cuáles
son estas patologías de acciones?
Vemos
cada día más gente desaforada en los shoppings, gente que no puede parar de
comprar. Si la felicidad es tener tanto como los demás, hay que endeudarse de
manera excesiva para tener más, sin pensar, sin tener en cuenta las
consecuencias.
¿El
psicoanálisis está en contra del uso de medicamentos para ciertas patologías?
El
psicoanálisis es un discurso que evoluciona. En el siglo XIX era una práctica
que se ejercía en una civilización en la cual no existían los fármacos
psiquiátricos. Pero ahora todo el mundo toma fármacos. Por enfermedad, por
trastornos, de forma preventiva, por las dudas... Toma medicación que sirve de
recreo.
¿A
qué le llama "recreo"?
A
la automedicación, la medicación consumida fuera de una indicación médica
precisa. Se utilizan, por ejemplo, remedios que supuestamente están hechos para
tratar la disfunción de la erección en el hombre y se los utiliza con la
fantasía de mejorar las performances sexuales. Estamos en una civilización en la
cual el uso de fármacos está muy presente. El psicoanálisis sólo constata que su
discurso opera en una civilización que ha cambiado
completamente.
FIN
STAFF GACETILLA
Responsable Clarisa
Kicillof
Colaboradores Viviana
Mozzi, Guillermo López, Edit Tendlarz, Silvia Bermúdez, Gabriela
Camaly