
El término Desinserción es un significante apenas conocido en nuestro medio social y profesional.
Sí lo es el término Inserción, frecuentemente usado en las políticas sociales, desde los años 60, para referirse a la relación del individuo a la sociedad. Ya anteriormente, Henri Bergson lo había utilizado, en Les deux sources de la morale et la religión (1932) (1) para hablar de la integración en un grupo. Es en 1994 cuando encontramos (2) un primer uso del término Desinserción para referirse a todos esos procesos de pérdida de vínculos, rupturas biográficas y aislamiento social de algunos individuos, apartados del sistema productivo.
Hoy la desinserción, como fenómeno social, va a la par de otros conceptos como la modernidad líquida (Bauman), el declive del programa institucional (Dubet), la sociedad de riesgo (Beck), o la corrosión del carácter (Sennet). Todos ellos, promovidos por ilustres sociólogos, describen un declive evidente del ideal como eje vertebrador de la realidad social. En nuestro mundo globalizado y al tiempo deslocalizado, el término desinserción se hace eco de esa fragilidad de los significantes amos tradicionales: autoridad, saber, estado, respeto y traduce en la subjetividad esa pérdida de brújula y de orientación (3). Lo vemos en las derivas de las relaciones de pareja, en las relaciones intergeneracionales o en el propio ejercicio de la autoridad por parte de los poderes públicos.
La modalidad clásica de inserción social de un individuo pasaba por su identificación a los valores, ideales, rasgos socialmente aceptados y que le prometían un lugar en la comunidad. Hoy, como señala J.-A. Miller (4), “la inserción se hace menos por identificación que por consumo, lo que confronta a cada uno con la precariedad de su goce en el consumo frenético de los plus-de-goce que la tecnología multiplica y coloca en el mercado a un ritmo cada vez más rápido, en un desesperado esfuerzo por suplir una falta de satisfacción que es de estructura” . La paradoja de nuestra hipermodernidad es que a más acceso a los objetos de goce, más insatisfacción nos producen ya que su proliferación no hace sino constatar que nuestra sed de goce, como ocurre con la famosa bebida de cola, no hace sino crecer.
La desinserción en psicoanálisis
Hablar, desde el psicoanálisis, de una “clínica y pragmática de la desinserción” supone tomar en cuenta las dificultades de quienes consultan después de haber perdido, o están a punto de perder, sus vínculos familiares, de amistad o de trabajo, llegando a veces hasta la autoexclusión. Y es por ello que se trata de una clínica que nos confronta con los efectos dramáticos, para un sujeto, de la precariedad de los vínculos sociales, precariedad mayor en nuestra época a causa del auge del individualismo, donde el imperativo del Do it yourself! (¡Háztelo tú mismo!) va acompañado de importantes, efectos de segregación y exclusión.
La clínica, tanto en su vertiente privada como en los dispositivos institucionales que creamos, nos ofrece una amplia variedad de las modalidades de desinserción. En algunos casos la desinserción puede ser un rechazo del Otro, virando a veces hacia el odio al vínculo con el Otro. Tenemos aquí toda una fenomenología de los pasajes al acto, las impulsiones y la violencia social.
Otras veces la desinserción puede responder a una urgencia subjetiva o, también, ser una precariedad elegida, es decir, una condición del sujeto. Lo vemos en muchos sujetos que, al perder algunos de los amarres que el propio tejido social les proporcionaba (trabajo, amigos, entorno social) se autoexcluyen al no poder sostener ese vínculo al Otro que puede llegar, ahora, a devenir inquietante y amenazante al desvelar intenciones veladas por esas neoidentidades.
A veces esa desconexión toma la forma de un rechazo al saber, sobre todo en los jóvenes, una fuerte inhibición que los deja al margen del sistema educativo. En otros muchos casos la desinserción tiene ese carácter adictivo que los cortocircuita del otro para fijar su dependencia al objeto tóxico.
En todos los casos, de lo que se trata en esta serie es averiguar cómo la realidad social, esa red de identificaciones, rutinas, significados compartidos, puede desinsertar la realidad psíquica, esto es tener consecuencias en el vínculo mismo del sujeto al Otro y a sí mismo. Sabemos que el deseo de inserción es fundamental en el sujeto hablante, de hecho es la primera operación que observamos en los bebes cuando, con su sonrisa, manifiestan un primer consentimiento al vínculo con el Otro. Aceptan así el lenguaje como la herramienta princeps de ese lazo y por ello los distinguimos como seres hablantes. Cuando ese consentimiento no se produce encontramos toda la fenomenología del espectro autista, grado cero de la desinserción o bien las dificultades y fragilidades del vínculo en la casuística psicótica.
Por eso no debemos olvidar que la desinserción puede ser la consecuencia de una desidentificación querida por el propio sujeto y que en algunas ocasiones les puede llevar a una desconexión total o incluso a su propia desaparición. Todos los trabajadores sociales conocen de cerca la realidad de muchos sujetos que rechazan las propuestas de reinserción, centradas en la provisión de recursos asistenciales (ayudas económicas, ofertas ocupacionales, pisos o albergues asistidos) y en el reforzamiento de identificaciones normativizantes (5) (incorporación al trabajo, conexión social, abstinencia...). Son sujetos que objetan a ser representados por los significantes del discurso dominante: propietarios, trabajadores, ciudadanos, socializados y que eligen los márgenes de lo social y del propio circuito de producción y de consumo.
Clínica y pragmática: la posición del analista
Sabemos que el síntoma que se dirige al psicoanálisis siempre implica alguna forma de desinserción social, una desconexión del sujeto respecto de los demás, que puede ir desde el leve sentimiento de no ser comprendido o de estar en un segundo plano en las relaciones sociales o familiares, hasta una misión salvadora delirante, de carácter radicalmente singular, que desconecta al sujeto del otro. Como señalábamos antes, puede ser vivida como algo irreversible, o bien ser el resultado de una elección, como testimonian muchos creadores que buscan el aislamiento como condición de la invención artística. Y hoy también vemos como, debajo de algunas etiquetas pretendidamente psicopatológicas: “fobia social”, trastorno adaptativo, encontramos sujetos cuya asocialidad testimonia de una angustia para la que no encuentran una forma de vínculo social.
Este sufrimiento exige, para ser tomado en cuenta, una redefinición de la desinserción, desde el psicoanálisis mismo, que la diferencie del uso que la sociología o las políticas sociales hacen de él. Esa redefinición es lo que nos permitirá un abordaje clínico, y no sólo social o educativo, que no reduzca al sujeto, a su caso, a la categoría previa: excluido, vagabundo, trastornado, introvertido grave, inadaptado social,..
Partimos de las soluciones singulares que cada sujeto encuentra en relación a su malestar y de cómo ese “saber hacer” le conduce a fracasar con más o menos fortuna. De hecho ese fracaso es estructural para todo sujeto, incluidos por supuesto aquellos más “exitosos”. El fracaso, entendido así, es la condición misma del deseo, como aquello que preserva siempre algo de inacabado, de incompleto, algo siempre por realizar. Algo que hace síntoma respecto a los ideales a los que uno se aliena y que renueva ese deseo. Sabemos de los avatares dramáticos de un sujeto ideal, perfectamente asimilado a ese ideal-norma, asfixiado en su propia realización. Hay algunas creaciones artísticas especialmente sugerentes para captar esto como la novela de Patricia Highsmith, Gente que llama a la puerta o películas como El Club de los poetas muertos.
La experiencia de la práctica de los CPCT (6) (Centros de Consulta y Tratamiento Psicoanalítico) y de las instituciones vinculadas a la RIPA (Red Internacional de Psicoanálisis Aplicado) (7) , verdaderos laboratorios clínicos, nos permite hoy hablar de una clínica y una pragmática de la desinserción. Como indica Jacques-Alain Miller: "(...) clínica porque es evidente que tenemos cosas que decir y que ordenar en lo que concierne a los fundamentos psicoanalíticos de la desinserción, y también porque así podremos invertir nuestros resultados en lo que concierne a la psicosis ordinaria, y en particular lo que gira en torno a lo que Hugo Freda ha podido llamar ‘precariedad simbólica’. No hay duda de que podremos aportar algo nuevo --sobre el fracaso escolar, por ejemplo, porque el significante-amo nos abre perspectivas, que pueden ser comunicadas, sobre la autoridad y sobre S2, el saber. Digo pragmática, mejor que tratamiento o cura, porque ahí estamos en el orden del saber-hacer-con, del "arreglárselas con".
Es en esta doble perspectiva donde nos situamos, orientados por una política de confianza en el síntoma, como brújula, para transmitir que todos estos comportamientos, incluidos en ese término desinserción, son racionales y se puede incidir sobre ellos. Junto al estudio, análisis y elucidación de esas modalidades subjetivas, diversas y variables, del vínculo al otro, se trata de construir una pragmática que apunte al “saber hacer ahí” con el síntoma.
La pragmática es la disciplina que intenta encontrar la regla a partir de un caso particular, es decir que considera todo caso particular siempre como una excepción a la regla, que toma a cada sujeto en lo que cada uno tenemos de inclasificable, de singular. Considera en él sus propias “soluciones”, su saber hacer y parte de allí para verificar su demanda y el deseo que la sostiene (8). Una pragmática no confía en los saberes a priori, en las clasificaciones pret-a-porter, ya que no toma la adaptación del sujeto a la realidad como su eje de trabajo.
Esta pragmática encuentra sus fundamentos teóricos y clínicos en los últimos seminarios de Jacques Lacan donde la función del analista se plantea como la que permite que algo se anude, se abroche, para que el sujeto pueda encontrar una respuesta. No se trata, para nada de promover la adaptación del sujeto a la realidad social o a los ideales del analista. Esa sería la posición del analista que se identifica a la religión, al encarnar la función de guardián de la realidad colectiva (9), y hace prevalecer la verdad como revelación univoca.
Por el contrario, se trata de una ética a partir de la cual el analista no es la medida de la realidad sino que opera como condición de motor del análisis: permite a sujeto tomar conciencia de su división y descubrir el fantasma como motor de la realidad psíquica.
Este trabajo de elucidación del fenómeno de la clínica de la desinserción y de la pragmática que conviene, centrará los trabajos de más de mil analistas europeos que se reunirán en Barcelona los próximos 11 y 12 de julio con motivo del Encuentro Europeo del Campo Freudiano Pipol 4 y del que se pueden encontrar informaciones y textos en la web: http://ri2009.champfreudien.org/
Notas:
1-. Bergson,H. (1962), Les deux sources de la morale et la religión, PUF, Paris
2-. Gaulejac de V.:, Taboada,I. (1994), La lutte des places.Insertion et desinsertion.Desclée de Brouwer. París.
3-. Palomera, V. (2008), “La clínica y pragmática de la desinserción” en Freudiana núm. 54, págs. 21-23, ELP, Barcelona
4-. Miller, J.A. (2008), “Hacia Pipol 4” en Freudiana núm. 52, págs. 7-15, ELP, Barcelona
5-. Guilañá, E. (2008) Modos de inserción en el Otro. [consultable online en http://ri2009.champfreudien.org/index.php?nav=533]
6-. Estos Centros de Psicoanálisis Aplicado tienen como objetivo general facilitar el tratamiento psicoanalítico a aquellas personas que así lo pidan y que por condición social, situación económica, problemáticas de exclusión, fragilidad del vínculo social, pertenencia a colectivos de particular vulnerabilidad…, no pueden acceder a la consulta con un psicoanalista por las vías habituales.
7-. Fundación para la Clínica Psicoanalítica de Orientación Lacaniana http://www.fcpol.org/
8-. Miller, J. A. (2008) “Sobre la pragmàtica” en Cosas de finura en psicoanàlisis, Curso del 12 de noviembre de 2008. [consultable online en http://www.causefreudienne.net/etudier/le-cours-de-jacques-alain-miller]
9-. Lacan,J. (1994) “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad” en Intervenciones y textos 2. Manantial, BBAA