El bebé delincuente E-mail

Un informe del Instituto de la Salud francés pretende evaluar a todos los niños desde los tres años para detectar trastornos de conducta y así intentar prevenir la delincuencia en un futuro. Cada uno tendría en su historia médica la relación de "conductas desadaptadas", pues desde este planteamiento todos serían delincuentes en potencia.

 

 

 

HE AQUÍ EL BEBÉ DELINCUENTE
Por Gérard Wajcman

    He leído el artículo "Trastornos de conducta en el niño y en el adolescente", "Informe pericial colectivo", realizado por el Instituto Nacional de la Salud y de la investigación médica (Inserm). Tiene como objetivo, bajo el nombre médico de "trastornos de conducta", localizar los signos que anuncian la delicuencia, con el fin de prevenirla, en los niños de menos de 36 meses.
Si se trata de responder a esta empresa deletérea, conducida en nombre de la Salud mental, para mí lo más fertil es darle la mayor publicidad, es decir, hacerla pública, darla a la "población" que es el objeto, totalmente ignorante de lo que está en cuestión. Entre otras cosas, encontramos esto: "la agresividad, la indocilidad, y el débil control emocional durante la infancia han sido descritos como predictivos de un trastorno de conducta en la adolescencia". Si este retrato es suceptible de inquietar instantáneamente a numerosos padres, se precisa sin embargo que estas conductas deben ser diferenciadas de lo que llamamos "las conductas normales". En efecto, se entiende que manifestaciones tales como las agresiones físicas, las mentiras o los robos de objetos son relativamente frecuentes en el niño. Sólo se convierten en "anormales" cuando perduran más allá de una cierta edad, que el grupo de expertos ha convenido en situar a los 4 años.

    Bajo el niño llamado difícil, he aquí que surge la figura del bebé delincuente. Debido a lo cual los expertos preconizan proceder a una exploración médica sistemática de cada niño desde los 36 meses. De ahí la recomendación que todos los profesionales de salud tomen conocimiento de los criterios que definen el trastorno de conducta, lo que concierne a los servicios médicos de la infancia  y al colegio, desde el preescolar, incluso desde la guardería. Se dibuja así una empresa de medicalización de la infancia que supone que cada niño estará de aquí en adelante acompañado a lo largo de su vida y de su recorrido escolar, por un dossier médico que contendrá informaciones sobre sus "conductas" y sus "comportamientos".

    Aunque sea accesible en la web (invito a leer www.inserm.fr) en verdad, este informe no supone ser conocido por aquellos a los que apunta. Se supone incluso que no lo será, que no lo puede ser. La relación de saber implica a los sujetos que piensan, y entonces que son, y no a "la población", que es un puro objeto estadístico, sin ojos, sin orejas y sin boca. En verdad, los expertos hablan a los expertos. Sólo hablan entre ellos. Podemos medir bien que los redactores del informe del Inserm no suponen ni por un instante que sea leído por la "población". A cualquier otro que no sea profesional de la profesión, para hablar como Godard, este informe parecerá simplemente horroroso. Incluso personas omnubiladas por el discurso seguritario, no podrán leerlo sin temblar, pues los pone a ellos mismos y a sus hijos bajo vigilancia, en una sospecha generalizada que reune futuras víctimas y futuros criminales en el mismo conjunto de la "población". El informe del Inserm razona muy democráticamente suponiendo que todo el mundo puede ser culpable. La "población" como tal es de riesgo, es una clase potencialmente peligrosa. Y por ello debe ser puesta bajo vigilancia médica en su conjunto y sin tardanza. Y,  también, educada lo antes posible a fin de permitir a todos los padres reconocer en su niño desobediente y agresivo de menos de tres años al pequeño camorrista que duerme aún o que se despierta. Pero además hay que comprender que los padres llamados a vigilar a sus hijos serán ellos mismos puestos bajo vigilancia por los médicos, siendo éstos los únicos habilitados para localizar al niño llamado difícil.
    Con la medicalización generalizada el informe del Inserm instiga a una criminalización generalizada de la sociedad. Todos culpables-futuros, potenciales o que se ignoran: es importante entonces que este saber experto no sea conocido por ellos, es decir, por todos nosotros. Puesto que concierne y apunta a lo público, en su concepción misma, este informe es secreto. Decir que es secreto para la "población", es decir que sólo tiene un receptor: el poder y sus diversos agentes. Si cada inocente es un culpable potencial, cada profesional de la salud y de la educación se convierte en un agente potencial del poder, movilizado a título de ello, fuera de todo consentimiento, en el nombre simplemente de la ciencia, que sólo puede querer nuestro bien.
Esto impone dos cosas. Por un lado, si todo profesional de la salud es tomado como un agente de vigilancia, es muy importante que tenga un conocimiento del informe y de lo que conlleva. Al menos, tendrá la libertad de determinarse. Es lo que ha ocurrido: ir a ver la llamada de profesionales esclarecidos (www.pasde0deconduite.ras.eu.org).

    La otra consecuencia, es entonces muy importante desvelar a la "población" no profesional este secreto que está bajo la mirada de los expertos médicos, psiquiatras y psicólogos, puesta bajo control, evaluada. "No es indiferente que el pueblo sea esclarecido", escribía Montesquieu en el prólogo de El Espíritu de las leyes. No la población, sino el pueblo, cada uno de nosotros en persona, sujetos que hablan, que piensan, luego que son. Dirigirse al pueblo, es dirigirse a nuestra libertad. Es esta una manera de restaurar los sujetos abolidos.
    Lo que antes era un atributo divino, la omnivisión, el poder de ver todo sin ser visto, hoy es un atributo del poder secular, vía la ciencia y la técnica. Hemos entrado en la era de la mirada ilimitada del amo. Es el tiempo de la instauración de un hombre sin sombra, de un sujeto transparente en cuerpo y alma, desde su nacimiento, incluso antes si es posible. Lo íntimo que se definía como un territorio secreto, cerrado a la mirada, hoy es hurgado, sondeado, expertizado, bajo todos sus pliegues. El informe del Inserm entra enteramente en ese gran dispositivo intrusivo de puesta bajo control de lo íntimo. Por ello mantengo que es importante hacerlo ver, exponer esta mirada a las miradas.
Por ahí podemos comprender entonces, porqué este informe del Inserm sobre "los trastornos" de los niños es una empresa para el borramiento del psicoanálisis. No podría ser de otra manera. Transformar todo síntoma en trastorno de la conducta es elevar el sufrimiento a la categoría de amenaza, y convertir la sordera en un medio de acción. Es evacúar al sujeto. El psicoanálisis es el discurso de los sujetos, a la escucha de los sujetos que piensan y entonces que son, que sufren, que hablan, o que no llegan a hablar. Borrar uno, es borrar al otro.
    Ahí también es importante mostrar este borramiento con el fin de que cada uno pueda medir las apuestas verdaderas de lo que se dice aquí y alla hoy sobre el psicoanálisis. El psicoanálisis no es la causa de los psicoanalistas, es la causa de los sujetos.
Que cada uno vea.

Gérard Wajcman es escritor, psicoanalista e historiador de arte


Artículo aparecido en la edición de Le Monde del 4-3-06

Traducción: Carmen Cuñat

Recogido de LA BRÚJULA Nº 40.