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Polemico psicoanálisis
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Laura Freixas escribe en La Vanguardia sobre un libro recientemente aparecido donde se arremete contra la figura de Freud, y habla sobre su experiencia con el análisis.

... Pero me he psicoanalizado, y esa experiencia - una de las más intensas e interesantes de mi vida-me ha dado algo fundamental: un instrumento para comprenderme. Algo que no se encuentra ni en la introspección (condenada, cuando nadie nos da la réplica, a convertirse en una noria sin salida), ...

 

 

LA VANGUARDIA. Jueves, 12 de Mayo de 2011


Polémico psicoanálisis

 

Laura Freixas - www. laurafreixas. com

 

Megalómano, mentiroso, cobarde, ávido de dinero, misógino, cocainómano y admirador de Mussolini. Es el atractivo retrato que hace de Sigmund Freud el ensayista francés Michel Onfray, según leo en La Vanguardia del pasado lunes. Cualquiera diría que un personajillo así debería haber sido arrojado a la papelera de la historia. Y sin embargo, setenta años después de su muerte, ahí sigue. Provocando una polémica incesante. El libro de Onfray (Freud: el crepúsculo de un ídolo) parece responder a La regla del juego (2008), una obra colectiva a favor del psicoanálisis coordinada por Bernard-Henri Lévy y Jacques-Alain Miller, y que era a su vez una respuesta al Libro negro del psicoanálisis (2005). También en Estados Unidos los intelectuales están divididos: a favor, Philip Roth , Erica Jong, Woody Allen; enemigo acérrimo, Nabokov (véase Literary representations of psychoanalysis,de Jeffrey Berman).

 

¿Y en España? Algunos escritores, de Juan José Millás a Lolita Bosch, han hablado a favor del psicoanálisis; Esther Tusquets le dedicó incluso una novela entera, Para no volver (1985), en la línea de aquel hermoso testimonio que fue, en Francia, Las palabras para decirlo, de Marie Cardinal (1975). Otros lo han denigrado: Muñoz Molina habla de "las tonterías del psicoanálisis", Trapiello asegura que lo único que pretenden los analistas es convertir las neurosis del paciente en un buen fajo de billetes; Umbral se refería con desdén a "la fascinación infantil por las propias heces, perpetuada en el poeta, el neurótico y el psicoanalista...".

 

Por mi parte, debo decir que no he leído a Onfray, y apenas a Freud. Pero me he psicoanalizado, y esa experiencia - una de las más intensas e interesantes de mi vida-me ha dado algo fundamental: un instrumento para comprenderme. Algo que no se encuentra ni en la introspección (condenada, cuando nadie nos da la réplica, a convertirse en una noria sin salida), ni en la escritura, por el mismo motivo, ni en la amistad o el amor, donde el otro no puede ser imparcial por más que quiera. Yo no sé, ni me importa, si Freud era cocainómano; no creo que fuera propiamente misógino, y no lo son las y los psicoanalistas que conozco; y, en todo caso, lo que sé es que en el diván se puede descubrir cierta verdad sobre nosotros mismos, que nos hace todo lo libres que podemos ser.